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Juana Choque García

Textilería

“El telar estaba viejo y con los hilos cortados, pero me sirvió de guía para ver cómo estaba hecho el ensarte de las la illawas. De esa manera, pude replicar en el telar que compré y aprendí solita”.

Soy artesana textil aymara del pueblo de Pisiga Choque comuna de Colchane. Aprendí a tejer desde muy pequeña, cuando tenía seis años. Primero comencé el hilado y después el tejido de cintura, como la faja, hasta lograr el tejido en telar de cuatro estacas, como el axo, frazada, llijia y el poncho para mi marido. Para ayudar en lo económico a mi familia, empecé vendiendo lana hilada de alpaca y llama. Años más tarde, junto a mi fallecida sobrina Jaqueline García, nos capacitamos y nos unimos a la agrupación Canthati. Esa fue la primera agrupación que se creó para comercializar el tejido de los chales, poncho y bufandas aymara. Mi padre tejía en un telar viejo, a pedal, donde realizaba su propia vestimenta. Un día recurrí a él para que me enseñara, pero lamentablemente ya no tenía el telar, que tenía los hilos cortados. Me dijo, que lo vendían en Bolivia. Me decidí, y compré el telar en la feria de Pisiga. Mi mamá me enseñó el tejido tradicional de cintura y cuatro estacas. Aprenderlo para mí es parte de mi cultura. ¿Cuándo me sentí artesana? Cuando nos organizamos y participaba en capacitaciones; ahí siempre nos decían que éramos artesanos, que nuestro producto es parte de la cultura, porque están hechos a mano por mujeres aymaras y que eso es muy valioso.

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