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María Soto Hernández

Textilería

“Con la misma técnica que me enseñó mi mamá tejo alfombras, frazadas, choapinos y pieceras. Solo que hoy esa pequeña ayudante fue reemplazada por mis hijos”.

Tenía cuatro años cuando mi tío me regaló un huso de madera, en el que aprendí a hilar lana con la ayuda de mi mamá. Tres años después fue ella misma quien me enseñó a trabajar el telar. Yo sostenía los palos y ella ponía el hilado. Prontamente comencé a dibujar algunas alfombras. No fue hasta que empecé a tejer y a vender mis productos, jovencita, cuando me sentí una verdadera artesana. Nunca me voy a olvidar cuando trabajaba en la Cooperativa Sol de Chile y gané el premio a mejor tejedora por una de mis alfombras: veinte escudos chilenos. Desde entonces no he parado: como todos los años, cuando llega el verano, esquilo las ovejas, lavo el vellón e hilo a mano, para luego teñir la lana con frutos de maqui o canelo, u hojas de cebolla.

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