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Marta Canio Quidel

Textilería

“Toda pieza artesanal, hecha en su totalidad a mano, requiere su propio tiempo y dedicación. Se trata de un trabajo lento”.

A los seis años aprendí a hilar y a los catorce tejí mi primera pieza: una manta pequeña, como para un niño, que prontamente perfeccioné a punta de observación, mirando cada detalle de uno u otro modelo. El tejido es mi oficio y mi fuente de trabajo desde siempre. Por eso, conozco al dedillo, de inicio a fin, el proceso. Lavar, hilar, torcer, ovillar, enmadejar, teñir, enjuagar, secar y urdir en el telar, donde suelo crear mantas, bajadas de cama, senderos e individuales, hechos en su totalidad en lana de oveja. Toda pieza artesanal, hecha en su totalidad a mano, requiere su propio tiempo y dedicación. Se trata de un trabajo lento. Entre la esquila, el lavado, el secado y el hilado en uso, para luego recién disponerse a tejerse, uno puede llegar a tardar entre dos y tres meses. Gracias a mi oficio he podido visitar y conocer antiguas colecciones de telares Mapuche. Fue así como llegué a participar con mis piezas en la colección Herederas del Llalliñ, un proyecto de rescate que impulsó Fundación Artesanías de Chile junto a Conadi, y que convocó a 17 artesanas a crear mantas y fajas inspiradas en una antigua colección alojada en el Museo Nacional de Historia Natural.