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Marta Patricia Godoy Castillo

Cestería

“Cada una de mis piezas está hecha, de inicio a fin, con prolijidad por mis manos, utilizando la fibra vegetal de totora en su color natural, conservando su particular textura y olor, en un objeto liviano y durable”.

Observando a mi madre, la artesana Graciela Castillo, a los ocho años me aventuré a hacer mi primer canasto con fibra vegetal de totora. Y a su alero, cuando cumplí dieciocho años, participé formalmente en uno de sus talleres. Entonces comprendí que la artesanía era lo mío. Era una joven hábil, rápida, que entendía al dedillo cada paso: cómo hacer los cordones, los torcidos, las trenzas. Cómo darle el grosor, el armado y las terminaciones a cada pieza. Pero no fue hasta después de convertirme en ingeniera, y trabajar en una mina, cuando sentí la necesidad de avocarme completamente a trabajar con mis manos, tal y como lo hacía mi madre. Cada una de mis piezas lleva consigo esos conocimientos, traspasados de generación en generación, que rescatan y preservan la tradición y patrimonio cultural de mi familia y el territorio que habito. Un oficio tradicional que me llevó a obtener en 2019 el Sello de Excelencia a la Artesanía por mi obra “La Ronda” y en 2020 el premio Lorenzo Berg a Mejor Artesana Nacional, en la Muestra de Artesanía UC.

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