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Néstor Miranda

Tallado en Madera

“Recolectar, cortar, vaciar, tallar, secar, lijar y aceitar. Todo lo que sé lo aprendí de mi padre, quien me enseñó a moldear esa hermosa madera”.

Cada vez que me sumerjo en el bosque a recoger pedazos de madera caída, me acuerdo de enero de 1973, cuando a los trece años mi padre, Lupercio Miranda, me llevó con él al lugar donde creaba su artesanía: el fundo El Coihue. Fue una tarde de verano cuando él me pasó por primera vez un trozo de esmeril para montarle una madera. Así se usa el formón, me explicó. Así se usa el machete, la azuela, las gubias, me enseñó, para reducir la madera y adaptarla de acuerdo a la pieza que uno iba a realizar. A golpe de combo y machete, esa tarde de verano, a partir de un pedazo de madera, mi padre me impulsó a hacer una cuchara. Golpe a golpe imité los movimientos que hacía mi padre, hasta que logré darle forma. “Más o menos nomás”, me dijo mi padre ese día. Y de alguna forma, esa prolijidad que él tenía, es la que me permite crear hasta hoy platos, morteros y mi tradicional set de frutos del bosque, hecho a partir de maderas nativas y tallado con mis propias manos, que en 2015 obtuvo el Sello de Excelencia de la Artesanía.

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