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Ovidio Parra Gutiérrez

Cestería

“Cada mayo aro la tierra con mis caballos para luego sembrar trigo, generalmente en su variedad denominada colorado, que es más dúctil y flexible. En un trabajo colectivo, después cosechamos, para luego crear, entre tres y siete días, sombreros y chupallas”.

Cada uno de mis sombreros porta la historia de una familia que, de generación en generación, ha trenzado la paja de trigo con un sueño: que este tradicional oficio, que tiene más de doscientos años en el valle del Itata, permanezca. Aprendí a sembrar trigo y a colcharlo a los cinco años, al alero de mi madre y mis hermanos mayores, y cuando cumplí diez hice mi primer sombrero. Desde entonces han pasado cuarenta y cinco años, y en cada trilla junto a mi familia, desde el más pequeño hasta el más anciano, incluso acompañados por vecinos, nos trasladamos en conjunto a la era, para obtener el grano de la espiga que sembramos. Trenzamos las cuelchas. De un día para otro, las remojamos en agua. Las tendemos y las dejamos secar. Les quitamos los restos de paja, las aplanamos en un rodillo mecánico y a coser: sombreros, chupallas, bolsos a telar y capelinas, que desde 2018 son reconocidas con el Sello de Denominación de Origen.

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