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Roberto Hernández Céspedes

Lutier

““Ensamblaje, deformación, tallado, clavado, corte, lijado, pulimento y aplicación de barnices, son algunas técnicas que se aplican en los instrumentos que creo. Los procesos pueden durar hasta 45 días, pues cada uno de ellos requiere su tiempo”.

Mi primer acercamiento a la lutería fue en el 2003, en un curso impartido por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), en una época en la que el oficio estaba prácticamente extinto. Pese a ello, terminado el curso, persistí como aprendiz al alero del constructor de guitarras Carlos López y siendo ayudante logré hacer más de cien brazos, decenas de ensambles, cepillados y tapas armónicas, y el tallado de tacones, que trabajo hasta hoy en mi taller, donde creo instrumentos de impronta latinoamericana a partir de maderas mestizas: endémicas, como el raulí y la lenga; europeas, como el pino abeto y cedro rojo; y africanas, como ébano y wengué, no sin antes haber pasado un largo proceso de secado y estacionado, nunca en verde, en un proceso que puede durar hasta treinta años. Por esta razón es que casi siempre opto por trabajar con raíces y madera reciclada, que obtengo de antiguos muebles después una ardua labor de desarme, con las que creo charangos, guitarrones urbanos y vihuelas campesinas, estas dos últimas preseleccionadas en el Sello de Excelencia a la Artesanía en los años 2017 y 2019.

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