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Rosa Domínguez

Cestería

“Dependiendo de mi inspiración, es lo que creo con mis manos. Cada creación es un trabajo original, exclusivo, donde respeto la técnica y los tiempos de cada pieza”.

Un año después de que mi marido siembra trigo variedad colorado —que solo se cultiva en el valle del Itata por las características del clima y el suelo—, siempre en enero, de madrugada y con echona en mano, junto a mi familia vamos a cosechar. Todos juntos hacemos atados, que tendemos toda la mañana al sol, para que así se ablande el grano. A mediodía golpeamos los atados contra una madera, para así liberar el grano, y cuando llega el invierno me pongo a colchar: por calibre separo las pajitas, corto el primer nudo del tallo y las pongo a remojar por treinta minutos. Solo entonces me dispongo a trenzar, entre dos y tres días, dependiendo de la pieza y el calibre de la paja. La primera cuelcha que aprendí a hacer fue una de siete pajas, la misma que mi madre ocupaba para hacer sombreros y bolsos, que hasta el día de hoy de da trabajo. La diferencia es que yo le he ido incorporando nuevos puntos de trenzado, que me han permitido desarrollar nuevos modelos de sombreros y otras piezas más utilitarias, de uso doméstico, como contenedores e individuales.

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