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Teresa Olavarría Oyarzún

Textilería

“No hay nada más satisfactorio que ver tus piezas exhibidas, luciendo pura tradición hecha con tus manos de forma natural”.

En Quillaipe, en plena Carretera Austral, donde nací, crecí y vivo, cuando era pequeña se decía que cada vez que una mujer se casaba, debía tejérsele y regalársele una frazada blanca con alguna aplicación roja, que representaba la fertilidad. Con el paso de los años creencias como esa se fueron disipando, pero lo que nunca se perdió fue el arte de continuar tejiéndolas. Frazadas, pieceras, pasilleras de nudos, bajadas de cama o alfombras, para toda pieza la materia prima la obtengo de ovejas propias o del Banco de Lanas de la Fundación Artesanías de Chile. Pero el diseño está en mi cabeza, con sus colores y matices. Por eso, cuando comienzo a tejer, voy siempre verificando: arreglando el telar de acuerdo a las medidas, urdiendo con firmeza, sin que se contraiga el centro de la pieza, corrigiendo las imperfecciones de la lana. En eso me la puedo llevar varios días, trabajando entre cuatro y seis horas por jornada, hasta que quede tal y como la imaginé.

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