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Teresa Soto Brito

Textilería

“Si me preguntan cuándo me sentí por primera vez una artesana, diría desde que tomé consciencia de ese trabajo único que hacían mi bisabuela, mi abuela y mi madre. A algunos les podrá parecer un trabajo fácil, pero son años de sabiduría que uno invierte en cada pieza”.

Toda mi vida está ligada con la artesanía en telar. Recuerdo como si fuera ayer cuando vi a mi bisabuela trabajar en un telar Mapuche o telar liso. Pero fue su hija, mi abuela, quien me permitió participar del proceso por primera vez, limpiando la lana lavada de pastos y espinas. Junto a mi madre aprendí a hilar a mano y el resto es historia: hace cincuenta años soy artesana textil y al igual que ellas mis piezas son hechas con lana merino y fibra de alpaca. La primera la compro en Tomé o en Santiago y la segunda la obtengo, entre noviembre y diciembre, de las alpacas y ovejas Stanford que crío en casa, junto a mi madre, mi gran maestra. Trece días para un echarpe y casi treinta para una ruana o manta, en el hilado y urdido de cada una de mis piezas se deja entrever ese lento, pero cuidado trabajo, que entrelíneas muestra la sabiduría de cuatro generaciones de artesanas.

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